El recrudecimiento de las tensiones geopolíticas en el estrecho de Ormuz ha vuelto a poner en alerta a los mercados energéticos internacionales. Esta estratégica vía marítima, por la que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y una parte significativa del gas natural licuado (GNL) que se comercializa en el mundo, se ha convertido nuevamente en un foco de incertidumbre.
Como consecuencia, el precio del barril de petróleo Brent ha superado los 86 dólares, mientras que las cotizaciones del gas natural en Europa también han experimentado importantes incrementos. Esta situación repercute de forma directa en el mercado eléctrico español, donde el coste de generación de la electricidad está estrechamente vinculado al precio del gas en los momentos de mayor demanda.
España no importa petróleo directamente desde el estrecho de Ormuz en grandes volúmenes, pero sí depende de un mercado energético global altamente interconectado. Cuando aumenta la incertidumbre sobre el suministro mundial, los precios internacionales reaccionan rápidamente y terminan trasladándose tanto a los combustibles como al recibo de la luz.

Esta nueva escalada evidencia, una vez más, la vulnerabilidad de los sistemas energéticos dependientes de los combustibles fósiles. La volatilidad de los mercados internacionales afecta a consumidores, empresas e industrias, incrementando los costes de producción y reduciendo la competitividad económica.
En este contexto, las energías renovables adquieren un papel cada vez más estratégico. La energía hidroeléctrica, en particular, representa una fuente de generación estable, gestionable y libre de emisiones directas de CO₂. A diferencia de las tecnologías basadas en combustibles importados, las centrales hidroeléctricas aprovechan un recurso autóctono que contribuye a reforzar la seguridad del suministro eléctrico.
Las minicentrales hidroeléctricas desempeñan además un papel fundamental en la estabilidad del sistema eléctrico. Su capacidad para generar energía de forma flexible y responder rápidamente a las necesidades de la red ayuda a reducir la dependencia del gas en los momentos de mayor consumo, amortiguando parcialmente el impacto de las crisis energéticas internacionales.
La situación actual pone de manifiesto la importancia de seguir apostando por un modelo energético diversificado, donde las energías renovables gestionables, como la hidráulica, contribuyan a garantizar un suministro seguro, competitivo y sostenible. En un escenario internacional cada vez más incierto, fortalecer la producción nacional de energía limpia no solo es una apuesta medioambiental, sino también una decisión estratégica para la economía y la independencia energética de España.
Fuente de referencia: merca2







