Francia ha dado un paso firme en su camino hacia la transición energética, apostando por la energía hidroeléctrica como una de las piezas clave de su sistema eléctrico. Según los últimos datos de Aurora Energy Research, el país alcanzó en 2024 una capacidad instalada de 25,9 GW, lo que representa el 16% del total eléctrico nacional, y prevé llegar a 28,5 GW en 2035, de acuerdo con los objetivos marcados en su estrategia energética nacional (Programmation pluriannuelle de l’énergie, PPE).
Este crecimiento ha venido acompañado de un repunte en la generación hidroeléctrica, que alcanzó 74,7 TWh, su nivel más alto desde 2013. Las lluvias favorables y una gestión más eficiente de los embalses han contribuido a estos resultados, consolidando a la hidroeléctrica como la segunda fuente de energía más importante del país.

Uno de los aspectos más destacados del sector es el avance del almacenamiento por bombeo, considerado el segmento de mayor expansión. Este sistema permite almacenar energía en momentos de baja demanda y liberarla cuando el consumo aumenta, algo esencial para compensar la intermitencia de la energía solar y eólica, cuya capacidad crecerá un 53% hasta 2030. La hidroeléctrica se convierte así en una aliada estratégica para garantizar la flexibilidad y estabilidad de la red eléctrica francesa.
El impulso del sector también ha venido acompañado de un acuerdo histórico entre el Gobierno francés y la Comisión Europea, alcanzado en agosto de 2025, que puso fin a disputas legales sobre concesiones hidroeléctricas paralizadas desde 2015. Este pacto establece un nuevo sistema de gestión mixto, que combina concesiones y autorizaciones, y ofrece mayor claridad y seguridad a los operadores.
Como parte de este marco, EDF se ha comprometido a liberar 6 GW de capacidad hidroeléctrica mediante subastas supervisadas por la Comisión de Regulación de la Energía (CRE), lo que abrirá el mercado a nuevos actores y fomentará la competencia.
Según Jonathan Hoare, gerente de producto en Aurora Energy Research, este cambio “marca un punto de inflexión para el sistema energético francés, al combinar eficiencia, competitividad y sostenibilidad”.
Francia demuestra así que modernizar la infraestructura hidroeléctrica no solo refuerza su seguridad energética, sino que también impulsa un modelo más limpio, flexible y orientado al futuro.







